21.5.07

Entender la guerra

Que incluso las críticas más favorables de 300, destaquen casi en exclusiva la belleza de sus imágenes, da que pensar. Sí que es cierto que 300 tiene imágenes muy espectaculares y que la manipulación del ambiente mediante ordenador da en esta película unos resultados excepcionales. Sólo hay que recordar el simbólico tono otoñal de las imágenes de los espartanos defendiendo las Termópilas. Pero que sólo se destaque esto ya da pistas sobre la calidad de la película. 300 puede ser la favorita del público, pero creo que todos sabemos que no es una gran película. Ni siquiera es buena. En general, 300 es previsible y pesada, no sólo por las interminables secuencias en cámara lenta (cuánto daño ha hecho Matrix), sino también por una voz en off que sólo sabe repetir manidas frases épicas, en un intento de convencer al espectador del gran sacrificio de los espartanos. Y ni siquiera así uno consigue sentir algo de emoción ante la muerte de unos y otros.

Probablemente porque no son unos espartanos corrientes: de los actores de 300, el que menos tiene un torso que ya hubiesen querido los espartanos de entonces y que, a fuerza de verlos, al final de película acaban apareciendo tan irreales como los litros de sucedáneo de sangre que se derraman. Todo esto, evidentemente, frente a unos persas cubiertos hasta las cejas y con un rey que bien podría ser la reina de la cabalgata del Día del Orgullo Gay.

Como decía al principio, se ha defendido la impactante estética de 300, pero realmente no es más que la adaptación del cómic de Frank Miller. Adaptación o casi grabación directa de sus páginas. La mano de Zack Snyder no aparece por ningún lado y nos deja una película bélica que ni siquiera consigue mostrar la importancia real de defender el paso de las Termópilas.