Hola todoelmundo!
Ya sé que me dejé a medias el segundo capítulo del viaje a Londres... pero en este momento me apetece comentar uno de los pocos trabajos de este cuatrimestre que creo que han merecido la pena: ¡la entrevista de radio! Reconozco que me daba algo de miedo y muchos nervios entrevistar a Toni Soler (él es periodista, nosotras estamos en el camino, y temía no estar a la altura -pero bueno, uno no nace sabiendo, no?-) y que en muchos momentos me daban ganas de cambiar de entrevistado para quitarme de encima la presión. Por eso quiero agradecer a mis companyes que siempre mantuvieran el entusiasmo por esta entrevista, que es lo que me permitió seguir adelante a pesar de los tropiezos...
Y es que la cosa tuvo mucha gracia. Todo hay que decirlo! Jejeje!!
Recuerdo que el día en que celebramos mi cumpleaños fue el día en que escogimos al "invitado" de "nuestro programa". Desde entonces hemos dado mil vueltas al cuestionario -que al final no ha cambiado mucho respecto al primero- porque aunque a nosotras nos gustaban las preguntas, a nuestro profe no acababa de convencerle. El profe nos pedía una entrevista previa para conocer mejor al personaje y poder hacer así una entrevista de carácter rica y que demostrase que nos habíamos documentado. Pero nosotras sólo teníamos unos 20 minutos como máximo, y podíamos documentarnos a través de los libros que ha escrito, de sus artículos en La Vanguardia, Polònia,... pero no de fuentes orales (más que algún dato que supiera mi tío Pepe, que fue nuestro contacto -por no decir nuestro enchufe, jejeje... ¡te vamos a comprar una caja de bombones!-). Todo nos hizo tener que aplazar la entrevista un par de veces. Y cada vez... ¡más nervios!
Con la entrevista final en mano, las preguntas más o menos aprendidas y un micro gordo y verde en la mochila, Domínguez, Benito y yo nos dirigimos el viernes a Barcelona para encontrarnos con Fernández en la puerta del edificio donde nuestro entrevistado hace su programa de radio. El primer golpe fue la caida -literal- de nuestra compañera Fernández, que tuvo un traspiés en el autobús y nos llamó para decírnoslo. Sin verla, ¡pensamos que se había hecho un esguince... o algo! Benito decía: "Yo, que soy la más fuerte, la llevo a caballito". Y Domínguez y yo no le dijimos que no... Pronto nos reunimos con F. y nos alegramos de ver que no era para tanto.
Ensayamos las preguntas, entramos. Intento explicarle el motivo de nuestra visita a la recepcionista de la entrada, sin conseguir explicarme -con los nervios una cambia las sitio de palabras-. Entonces me doy cuenta de que sólo hay que decir a qué piso vas -menos mal que F. acudió en mi ayuda, que si no yo sigo hablando: "Mi tío... entrevista...el... ¿el RAC, es esto?"-. Y así subimos por el ascensor (al que quizá deberían multar por exceso de velocidad) y nos encontramos con una segunda recepcionista. Ella nos dio una información muy importante que sería determinante para la entrevista: "Los viernes no viene al programa. Hoy no está".
Así que de vuelta al ascensor (y con una vocecilla interior que nos decía: "El caso es que me suena, eso de que hoy no estaría aquí"), decidimos volver a intentarlo el martes -después de que la recepcionista nos confirmara que de lunes a jueves SÍ está-. La primera recepcionista dijo al vernos: "¿Ya? ¿tan pronto?".
El martes seguimos más o menos el mismo proceso, aunque con las preguntas mejor aprendidas y un micrófono azul más feo todavía -y que hace un molesto Kjjjj cuando lo mueves-. Nadie se cayó. Entramos por la puerta con mucho más acierto que el otro día... y evidentemente la primera recepcionista se acordaba de nosotras. La segunda, la de la planta 15, también. Nos sentamos en cuatro sillones (menos mal que éramos cuatro y no cinco) frente al mostrador de recepción en este orden: B., F., D. y yo. Pero como la segunda recepcionista nos había aconsejado estar pendiente de cuando Toni doblase la esquina para avisarle de que estábamos allí (pues de lo contrario saldría escopeteado sin habernos visto), me cambié el sitio con F., para verlo venir con tiempo. Es que el cuarto sillón estaba justo pegado a la esquina, y lo único que alcanzaría ver sería la espalda de nuestro entrevistado saliendo por la puerta (yo habría salido corriendo, habría tropezado, etc. etc.). Por suerte rectificamos a tiempo y nos recolocamos estratégicamente.
Mientras esperábamos en los sillones pasaron unas cuantas cosas: de fondo se oía el programa de radio -al cierre del programa sabríamos que estaba a punto de salir-; cada vez que alguien doblaba la esquina nos daba un vuelco el corazón, y me entraron ganas de reír -por los nervios-, lo cual se acentuó cuando una de las personas que dobló la esquina fue Artur Mas (que dijo un holaaaa, de ésos que se dicen cuando uno está de paso) y yo creo que a todas nos entraron más ganas de reír -bueno, a todas menos a B., que estaba mirando el móvil y se perdió el sketch-.
Por fin acabó el programa y empezaron a salir chavales de la radio -estaban de excursión-. Y nos preparamos para parar a tiempo a Toni. Yo me repetía mentalmente la forma de presentarme (Hola, soy C., la sobrina de Pepe T.) porque tenía miedo de decir: "Hola soy Pepe T., sobrina de Toni Soler" o algo así. Además, temíamos que nos dijera que no podía quedarse y se tenía que ir -sabía que vendríamos, pero no cuándo-. ¡Pero por suerte nos hizo un hueco! (y por suerte no me equivoqué al presentarme, jeje).
Así, nos condujo a un estudio, quitó la música, le explicamos de qué iba la entrevista y empezamos a grabar. Desde la primera respuesta al cuestionario se nos iluminaron las caras:, la entrevista estaba siendo muy interesante. Con todo lo que nos había pasado no esperábamos que fuese a ir tan, tan bien. Aunque al estar tan metidas en lo que nos contaba no nos concentramos mucho en locutar bien, en parte por los nervios, pero también respiramos tranquilas al ver que la cosa marchaba.
Finalmente salimos de allí ilusionadas por lo que habíamos disfrutado con la entrevista y por el buen trato que habíamos recibido de Toni, de las dos recepcionistas, de los de seguridad, de los técnicos que nos dejaron los micros discretos,... vamos, de todos menos de aquél chico que se rio cuando F. se cayó en el bus.
Y dedico esta entrada a todos los estudiantes, especialmente a los de periodismo, para que la lean y relean en momentos de crisis del estilo "¿qué hace un estudiante como yo en una carrera como ésta?". Porque por muy agobiantes que sean los exámenes y los trabajos, por muy absurdas que consideres algunas lecciones, por muchas noches que pases sin dormir acabando de repasar los apuntes,... simpre hay algo que jamás habrías hecho si estudiaras una carrera diferente, y que te hace pensar que no te equivocaste tanto al elegir esta carrera si de vez en cuando encuentras momentos como éste. Y siempre hay veces que te habrías echado atrás si no hubieran estado allí tus amigos, y descubres que siempre es a ellos a quienes les debes esos buenos momentos, ya que de haberlos vivido sola no hubieran tenido tanta gracia.
Think!