Había oído hablar mucho de este peñón en el que se habla inglés con acento andaluz, pero no lograba formarme una idea concreta de cómo sería este pequeño y, a la vez, gran mundo. En Gibraltar, un territorio de menos de 7 km², se respira otro aroma. Un aroma distinto provocado por una mezcla de elementos fascinante que hace que la roca, según el estudio Janes Country Risk realizado por Jane's Information Group -y tal y como aparece en Wikipedia-, se encuentre en quinta posición entre los países y territorios más seguros y con la calidad de vida más altas del mundo. CFS
15.9.08
Gibraltar es otro mundo
Había oído hablar mucho de este peñón en el que se habla inglés con acento andaluz, pero no lograba formarme una idea concreta de cómo sería este pequeño y, a la vez, gran mundo. En Gibraltar, un territorio de menos de 7 km², se respira otro aroma. Un aroma distinto provocado por una mezcla de elementos fascinante que hace que la roca, según el estudio Janes Country Risk realizado por Jane's Information Group -y tal y como aparece en Wikipedia-, se encuentre en quinta posición entre los países y territorios más seguros y con la calidad de vida más altas del mundo. CFS
Los toros: ¿La idiosincrasia de España?
Desde sus orígenes la fiesta taurina nunca ha dejado de generar controversia. Discusión entre partidarios y contrarios que cada vez cobra más relevancia.Elegante y valiente el toro bravo sale a la plaza. Capote y muleta. Estoques y banderillas. Arena y sangre. El toro de lidia es toro de muerte. El toro de lidia es símbolo de España y protagonista de su fiesta nacional: las corridas de toros.
España y el toro. Fue en este país mediterráneo donde a finales del siglo XVIII se originó la expresión más moderna de la tauromaquia, conocida como las corridas de toros. Desde entonces, por y para ello, el hombre empezó a criar al toro de lidia. Un toro bravo por su casta y nobleza, considerado por muchos como el descendiente más directo del uro, animal ya utilizado en las diversiones públicas del Antiguo Imperio Romano. Las corridas de toros tienen como objetivo principal la muerte de la res. Y ésta llega después de los tres tercios, durante los que se lidia al toro buscando la belleza estética. Poco a poco, la piel dura del animal se va cubriendo de diversos instrumentos que varían en longitud y en intención: se empieza decorándolo para acabar matándolo. Este espectáculo fue uno de los primeros eventos de masas y llevó a vincular la figura del toro bravo a la historia y cultura del país de Cervantes. Aún así, este festejo no es único y exclusivo de España. También se celebran fiestas taurinas en Portugal (donde no se mata al animal en el ruedo), en el sur de Francia y en algunos países de América central y del sur.
Cultura vs tortura. Hay pocas cosas exentas de polémica y las corridas de toros no son una de ellas. A lo largo de la historia siempre han existido enamorados de lo que se considera el arte del toreo, amor plasmado en los relatos de Ernest Hemingway o en las obras de Francisco de Goya, entre otros. Pero también, siempre han estado presentes las críticas, que llevaron incluso a la prohibición de los espectáculos a principios del S.XIX. La controversia se crea por dos visiones antagónicas e irreconciliables de la fiesta taurina. Por una parte, los partidarios de la fiesta nacional. Para ellos, las corridas de toros son la máxima expresión de la cultura española, son arte y tradición y, por ello, deben permanecer intactas. Detrás de estos argumentos ideológicos, están los económicos: el toreo genera importantes ingresos para una parte ínfima, pero importante del país. Por otra parte, los defensores del toro. Los que sienten cada puyazo como si se produjera en su propia espalda y piden la abolición de todo espectáculo taurino. Éstos piden respetar el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos de los Animales de la ONU, según el cual "ningún animal tiene que ser sometido a malos tratos ni actos de crueldad", recordando que, como viene dictaminado por la UNESCO, "la tauromaquia es el infame y comercializado arte de torturar y matar animales en público y constituye un desafío gravísimo a la moral, la educación, la ciencia y la cultura”. Ante este panorama, el número de personas que se oponen a la fiesta taurina va en aumento (muestra de ello es la formación en 2003 del Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal) y el de seguidores disminuye. Según un sondeo realizado en 2006 por Investiga: un 26,7% de la población española afirmaba estar algo o muy interesada en las corridas de toros, mientras que un 72,1% decía, en cambio, no tener ningún interés por los espectáculos taurinos.
Una realidad objetivable. Y como en toda polémica, en ésta tampoco hay una solución que responda satisfactoriamente a las aspiraciones de dos grupos de personas con sensibilidades distintas. Unos seguirán creyendo que el toreo es cultura y que el único cometido del toro es morir en la plaza. Otros seguirán viendo sólo humillación y tortura. Los seguidores, amantes fieles, argumentarán que la prohibición del toreo va en contra de su libertad. Los opositores harán suyo a Karl Popper, y pedirán en nombre de la tolerancia, “el derecho a no tolerar la intolerancia”. Y ante las diferentes opiniones, sólo una realidad objetivable: la sufrida por la res. CFS
Suscribirse a:
Entradas (Atom)