Las últimas declaraciones del vicepresidente de la Conferencia Episcopal, arzobispo de Toledo y cardenal, Antonio Cañizares, han vuelto a poner de relieve la oposición de la Iglesia católica a la política que realiza el gobierno de Zapatero. Esta vez contra la Ley Orgánica de Educación (LOE) que el gobierno aprobó con el 55 % de los votos en el Congreso, el pasado 6 de abril. Cañizares, en la clausura del I Congreso Diocesano de Educación, dijo que la Iglesia no dejará la educación aunque intenten apartarlos.
Estas declaraciones vienen por el trato que la nueva ley da a la asignatura de religión. Un trato que no dista demasiado del que tiene actualmente. Con la LOE la religión no será ni obligatoria ni evaluable, por tanto no se tendrá en cuenta para pasar de curso, ir a la universidad u obtener becas. Hoy, la religión si que es evaluable, pero no cuenta para el acceso a la Universidad. Por lo demás, el gobierno seguirá los Acuerdos con la Santa Sede, lo que significa que no sacará la religión de las aulas, que los contenidos que se siguen son los que impone la Conferencia Episcopal Española y que los profesores son nombrados por las autoridades religiosas, siempre cuando tengan la titulación académica adecuada.
Así pues, ¿qué quiere la Iglesia? La Iglesia quiere más poder, quiere estar presente en todas las cuestiones candentes del país y quiere decidir. Y lo quiere porque desde el final de la guerra civil española se ha acostumbrado a que la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, sea la única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, sin que nadie haya sabido frenarle los pies. La religión católica ha estado presente durante muchos años en la legislación española y era asignatura obligatoria en todas las escuelas hasta que con la transición dejó de ser obligatoria y se implantó la ética como alternativa. Aún así, la Iglesia no quiere abandonar el papel de protagonista que ha tenido durante tanto tiempo y quiere seguir siendo la conciencia de todos y de cada uno de nosotros.
Pero, ya va siendo hora de que después de 28 años dejemos atrás la sumisión a la Iglesia, y una buena forma de hacerlo es sacándola de las aulas, a ella y a todas las religiones (y a toda manifestación religiosa). Por lo que las medidas del gobierno socialista resultan insuficientes. No estamos proponiendo nada imposible. Si miramos a nuestra propia historia durante muchos años, la religión no apareció en los planes de estudios: ni en la II República, ni durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874).
Así pues, no sólo tachamos de absurdas las quejas de la Iglesia y le recriminamos su intromisión en asuntos que no son de su conveniencia, sino que creemos insuficientes las medidas del gobierno para hacer una escuela laica. CFS
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