Leyendo la revista Magazine he encontrado un artículo de Andrés Trapiello que me ha gustado. Y por eso me concedo el gusto de copiar un fragmento. Dice así... [...] Cuando por fin comprenden que les pregunto cuáles son a su entender los cinco o seis hechos relevantes, singulares, históricos del año que acaba, todos se han quedado desconcertados, en blanco. Tampoco recuerdan... nada. Y acaso por eso se asustan un poco, quizá porque teman que el no recordar sea síntoma de no haber vivido. ¿Y si hubiésemos soñado todo un año? La gente se aleja, cavilosa, admirada de que el pasado reciente pese tan poco... Y desde luego a todos les sucedieron cosas: uno tuvo en este año un hijo, otro enterró a su madre, alguien encontró un buen empleo, y este fue el año en que a otro le despidieron del suyo... ¿Por qué no lo han dicho? ¿No fueron hechos trascendentales? Desde luego. Incluso para quien perdió al amor de su vida en el 2001, aquél fue el año del desamor, no el del atentado contra las Torres Gemelas. ¿Entonces por qué no han dicho nada de este 2006? ¿Por timidez, por pudor, por modestia? Acaso por una suma de las tres cosas.
Esos hechos particulares han sido mucho más determinantes en sus vidas que guerras, cambios de gobierno, obituarios de gentes ilustres, descubrimientos científicos o gestas deportivas. De hecho, a ése la separación de su pareja le ha entristecido más que todas las catástrofes, naturales o antinaturales, del mundo. Ni siquiera se siente egoísta pensando en ello. Es sólo que el hombre mide el mundo por su desdicha o su alegría personales, como el temor. ¿Temor a qué? Paradójicamente, temor a que el tiempo pase tan deprisa, sin dejar huella, temor a la muerte. Ha pasado un año, el 2006, y el año apenas ha dejado tras de nosotros un tenue rastro de caracol. Brillará como plata, a la luz de la luna, en estas largas noches. [...] CFS
Esos hechos particulares han sido mucho más determinantes en sus vidas que guerras, cambios de gobierno, obituarios de gentes ilustres, descubrimientos científicos o gestas deportivas. De hecho, a ése la separación de su pareja le ha entristecido más que todas las catástrofes, naturales o antinaturales, del mundo. Ni siquiera se siente egoísta pensando en ello. Es sólo que el hombre mide el mundo por su desdicha o su alegría personales, como el temor. ¿Temor a qué? Paradójicamente, temor a que el tiempo pase tan deprisa, sin dejar huella, temor a la muerte. Ha pasado un año, el 2006, y el año apenas ha dejado tras de nosotros un tenue rastro de caracol. Brillará como plata, a la luz de la luna, en estas largas noches. [...] CFS
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