Elisa... Elisa... Sin saber la letra ni comprender del francés más que tres palabras, el instrumento (un violín, como averigüé después) que sonaba en el aula y la voz de una mujer que llamaba en la oscuridad a Elisa, transmitía una de esas sensaciones que muchas veces al principio no sabes dónde catalogar. En parte es como un cuadro de Klimt. A primera vista todos parecen bonitos, inocentes, pero cuando te fijas siempre encuentras destellos de algo que va más allá: las manos delgadas, las miradas de las sirenas…
La llamada, que a mí me parecía desesperada, a una Elisa incorpórea, me provocó en primer lugar tristeza, porque hacía pensar en algo que no volvería, en pérdidas y nostalgias. Después me sugirió cuestiones más cercanas a la sensualidad, y pensé que probablemente aquella parte era la del recuerdo. Es decir, primero la mujer llama a Elisa, inaccesible, huidiza, y luego recuerda lo que sucedió mientras Elisa era suya.
No sé si fue por ser la primera, pero Elisa es la canción que me impactó y me sugirió más sensaciones. El resto también fueron un descubrimiento: Couleur Café, Dépression Au Dessus Du Jardin (y el momento en que dice aquello de: …que l'amour revienra l'été prochain…), Comment te dire adieu... La voz de Jane Birkin se adaptó perfectamente a todas esas canciones y a los motivos que sugerían Djamel Benyelles, con el violín, Amel Riahi el Mansouri al laúd y Aziz Boularoung a la percusión, evocando paisajes tan típicos como las casas blancas y la arena ocre de Marruecos. Pero no sólo eso. El disco Arabesque (del que surgió el concierto) está repleto de sensualidad y de inspiración. Una sensualidad que no es aquella cursi del descubrimiento, ni tampoco la de la juventud. Es una sensualidad calmada, madura, el poso que queda después de una vida llena de amantes; unida al desamor, a la amargura de sentir la pérdida una y otra vez. Como aquellos vinos viejos, que han esperado años interminables en la oscuridad de una bodega, y que, aunque en la superficie el catador puede sentir que han encontrado el verdadero sabor del vino, en el fondo, también siente un punto amargo. Ha pasado demasiado tiempo. Pero también es un disco de inspiración. Tiene la capacidad de avivar y excitar la imaginación, de la misma forma que lo hacía Jane Birkin con Serge Gainsbourg, que siempre (o casi siempre) escribió por y para su musa. Y eso es lo que siento ahora, inspiración. Si pienso en Elisa, pienso en aquel amor que muchas veces se agota porque lo has dado todo al principio. Y aunque sepas que esa es la causa, no habrías deseado dar menos y extender el amor, porque entonces sólo habría sido como un cuadro del peor Rothko, y siempre, siempre, prefieres y preferiste, un cuadro de Klimt.
Anónimo ;)
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2 comentarios:
Para entender bien esta cursilada de texto... aquí está el link a youtube de la canción. Escuchadla porque vale la pena! http://www.youtube.com/watch?v=by1Q_8AEkfA
Léase Elisa-Elisa apretando la nariz con los dedos índice y pulgar. Así se harán una idea de cómo suena sin tener que escuchar la canción original.
De nada.
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