Ayer por la noche descubrí en (el dios) YouTube un vídeo de la reciente visita de George Bush a Albania. Exactamente, el presidente norteamericano se paseó por Tirana durante siete horas, después de haber estado en la cumbre del G-8 en Heiligendamm (la misma en la cual Sarkozy se mostró más que contento después de su entrevista con Putin). Durante los tres días de la cumbre, Bush y Putin tuvieron algún que otro encontronazo, rápidamente aprovechado por los medios de comunicación para desatar el filón “Guerra Fría”. Realmente, no hay nada de cierto en esto. Ni siquiera creo que las declaraciones de Bush durante su gira por Italia, Albania, Polonia, etc. que ha seguido a la cumbre del G-8 lleven a un enfrentamiento diplomático real. Evidentemente, las famosas declaraciones son las de la demanda de la independencia para Kosovo. Sí, Bush pasó por Albania como si fuera una estrella (con baño de multitudes incluido) y no se le ocurrió otra cosa que pedir que Kosovo sea libre. El por qué, es una cuestión que se me escapa (ojalá pueda saberlo pronto), pero considerando que Rusia está totalmente en contra de otorgarle la independencia a esta región, puedo hacer alguna especulación más o menos fundada. Es decir, o Bush está haciendo una demostración de fuerza, para que todos veamos que aún es una potencia (a pesar del “chasco” de Irak); o lo único que pretende es molestar a Rusia (y el por qué sería más difícil de analizar). O podríamos aceptar que es un precioso acto de buena voluntad para con los albaneses de Kosovo. No, no se rían. Este mismo argumento de bondad funcionó en 1999. ¿Y si funcionó con la opinión pública de entonces, por qué no ahora? Vayamos por partes. La cuestión de Kosovo es demasiado complicada para una entrada de blog, pero intentaré resumir.
Kosovo es una provincia muy pobre de Serbia, bajo protectorado de la ONU y de la OTAN. La región está ocupada por un 90% de albaneses y un 10% de serbios, aunque en 1997, cuando en parte comenzó todo, los porcentajes eran de 80% y 20%.
Se podría decir que en Kosovo ha habido problemas con la soberanía desde que el Imperio Turco se derrumbó, pero quizás sería remontarse demasiado. Probablemente, uno de los orígenes del problema actual (y repito, uno) surgiese en 1974, cuando Tito (el poderosísimo dirigente comunista de la República Federal Yugoslava) otorgó a la provincia una autonomía muy amplia. Esta autonomía entró en conflicto con el nacionalismo serbio, que tuvo su gran boom cuando el régimen comunista se desmoronó. Milosevic fue el gran personificador de este nacionalismo agresivo, aunque realmente Slobo no era nacionalista, sino que utilizó las ideologías como forma de escalar. En cualquier caso, se acabó anulando la autonomía de Kosovo y la represión se convirtió (sino lo era ya) en el pan de cada día de los albaneses. Estos, liderados por el (según dicen) poco imaginativo Ibrahim Rugova, intentaron utilizar una estrategia de no violencia ante los abusos serbios, para poder atraer así las miradas occidentales, y forzar una intervención (y también para obtener beneficios de algunos asuntos sucios relacionados con el contrabando). Como veremos, buscar a las potencias fue su peor error.
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