18.4.07

Esto es una obra de arte

Si por casualidad pasaste el viernes pasado por la parada de L’Enfant Plaza del metro de Washington entre las 7:51 y las 8:34, tuviste la suerte de oír a uno de los mejores violinistas del mundo, o la desgracia de oírlo y no enterarte. Joshua Bell, que llena auditorios a 100 dólares la entrada más barata, tocó música de Bach con uno de los mejores violines del mundo, un Stradivarius, a cambio de la voluntad. Y la voluntad fue poco más de 30 dólares.
De hecho, de las 1.097 personas que pasaron por allí solo lo reconoció una, y nadie se paró a escuchar. ¿Habría pasado lo mismo si en vez de tocar en el metro en hora punta hubiese tocado en la calle? En hora punta en el metro es muy difícil que algo te haga pararte. Por la inercia, por la prisa, porque el escenario es feo. Pero precisamente por lo feo del escenario, ¿no debería haber destacado algo tan bello? ¿Es bello por que te lo parece o porque la crítica dice que es bello? ¿Te pararías si vieras algo realmente bello, aunque no fuera obra de un autor conocido?
Imagínate que en un viaje a Roma, después de pasarte toda la mañana admirando todas las esculturas de Bernini en la Galleria Borghese, llegas a la plaza Barberini y decides que la valla que rodea a esa fuente roñosa que hay en el centro es un buen sitio para descansar. Como buen turista te haces una foto, y comentas con tus compañeros lo mucho que te gusta Bernini. Gran maestro, sí. Y a la vuelta, hojeando un libro de arte, descubres que la fuente “roñosa” en la que te apoyaste, a la que le diste la espalda, ¡era de Bernini! Si lo hubieses sabido antes, ¿no la habrías mirado de otra forma?
La dependencia del escenario podría llevarnos a pensar qué es lo que hace que el arte sea arte. ¿Es el contexto? Que se lo pregunten a Ravi Shankar. Cuando este músico actuó en el macroconcierto por Blangadesh, ya era mundialmente conocido por la influencia que había ejercido en el estilo de George Harrison. Aunque, por supuesto, también por su virtuosismo. Ravi Shankar salió al escenario. Cogió su sitar y empezó a manipular el instrumento, emitiendo sonidos. Cuando después de unos minutos rasgando las cuerdas se detuvo, el público empezó a aplaudir entusiasmado. Entonces Ravi Shankar les dijo, aproximadamente: Queridos amigos, espero que me aplaudáis por mis canciones con tanto entusiasmo como lo habéis hecho cuando he afinado el sitar.
Mafalda, PDomínguez (Shrek y Asno en otra trepidante aventura!!)

3 comentarios:

4 esquinas dijo...

Oléee qué bueno! Me encanta... Voy a inspirarme en vuestros articulos el año que viene... jajajaja. CFS

Nino Cruz dijo...

¿"Macroconcierto hippy en Bangladesh"? Hum... Supongo que te refieres al "Concierto para Bangladesh", que tuvo lugar en el Madison Square Garden de Nueva York en agosto de 1971...

http://en.wikipedia.org/wiki/Concert_for_Bangladesh

Sí, es probable que hubiera algún hippy por allí...

Por lo demás, estoy bastante de acuerdo con el fondo de tu artículo.

Un saludo.

Mafalda dijo...

Arreglado ¡¡El profe nos va a matar!!