29.10.07

Opinión de una extraña...

Hacía bastante tiempo que no me decidía a escribir por este nuestro blog. Y es que desde que volví de Roma no he parado ni un solo segundo. Excusas o ¿no?. El caso es que cuando estaba en Roma tampoco tenía tiempo para escribir. Y es que tampoco paraba ni un solo segundo. Pero... ¡qué segundos aquellos! Cambiaría muchos segundos de los actuales por poquitos de los otros. No siempre se puede tener todo. Bueno, de hecho allí no tenía todo. Sin embargo... vivía de otra manera. Preguntándome constantemente: ¿qué vas a hacer ahora? ¿qué te apetece hacer? ¿qué quieres ver hoy? ¿Tienes sueño? (¡pues sigue durmiendo!).
No había día igual a otro. Y aunque puede haber gente que piense que vivir así por mucho tiempo tiende a cansar, a mí me gusta. Me gusta levantarme y decidir qué voy a comer. Salir a la calle y no saber a qué hora voy a volver. No tener que correr para coger el metro, ni andar cortando el viento porque llego tarde a trabajar. Y si me apetece una siesta de una hora y media... dormir noventa minutos. Esto no exenta que cumpla con obligaciones y responsabilidades…

En realidad quería hablar de otra cosa...

La motivación real de colgar un post, no han sido mis ganas de volver a tiempos pasados, sino unas imágenes que me han impactado.
Ayer las cadenas nacionales de televisión emitían un vídeo grabado en un tren de cercanías de Barcelona en el que se veía como un chico humillaba y pegaba a una joven ecuatoriana. Se ve que el chico, según los medios de comunicación, entró en el tren (esos que ahora no van por las magnificas obras del AVE que “disfrutaremos todos”) hablando por el teléfono móvil, a través del cual mantenía una conversación subida de tono y con comentarios despectivos hacia un negro. En el vídeo se observa como el joven, al salir del tren, se percata de la presencia de una chica ecuatoriana y empieza su lamentable actuación: le golpea con la mano, le toca un pecho y como colofón le da una patada en la cara. Todo por ser ecuatoriana (más bien por ser morenita). La chica decide abandonar el tren en la siguiente parada y llamar al número de emergencia. No hemos vuelto a saber nada más de ella, salvo que ni ha denunciado ni sale de su casa.
Por el contrario, hoy hemos podido ver al valiente. Ha salido diciendo que no se acuerda de nada, que iba borracho. Que pide perdón y que no es racista. Y les ha tocado paso a los vecinos, esa vox populi que lo sabe todo y a la que nadie hace caso. Ellos ya advertían que Sergi, así se llama el chico, era un chico “díficil”. Sus antecedentes penales así lo indican. Y mientras salían Sergi y sus vecinos, se emitían una y otra vez las imágenes de la agresión. Unas veces con la cara de la chica tapada, otras no… pero una y otra vez las imágenes. ¡Gran periodismo! ¿Conseguirán el liderazgo con el morbo? ¿O sólo buscan el minuto de oro? ¿No creen que con una vez que se emitan las imágenes es más que suficiente? Pónganse por un momento en la situación de la joven de 16 años.
Y con un simple y único visionado nos basta para observar otro elemento que hasta ahora se nos había pasado inadvertido. Abajo a la derecha. ¿Ven a un hombre? Por un momento, pensé que era un espejismo o un fantasma que sólo yo podía percibir. ¿Saben algo de él? ¿Testificará? Es una incógnita (a eso se le llama periodismo de investigación).
Y como todos somos muy valientes… unos cuantos, los que lo ven desde muy lejos, han criticado a este hombre que parece que está pero no se sabe bien si está (a lo mejor tenía puesto el mp3). No ganará el Oscar por su papel, pero tampoco me veo con fuerzas de criticarle. ¿Cuántas veces hemos sido testigos de algún tipo de agresión y hemos hecho como si la cosa no fuera con nosotros? Ojala todos fuéramos un poco más valientes. Pero para eso creo que haría falta unión. La unión hace la fuerza. Y si uno es más fuerte, posiblemente sea más valiente. ¿No creen? Si cuando se ven actuaciones de este tipo, no sólo el hombre de abajo a la derecha se levantara, sino todas las personas del vagón… Si cuando una persona agrede a otra se le castigara con la ley. Si cuando presenciamos actos desagradables la indiferencia no se apoderase de nosotros. Si fuéramos capaces de dejar de mirar a nuestro ombligo… Almenos podríamos coger el tren sin ser agredidos ni humillados. CFS

No hay comentarios.: