13.12.07

Violencia y deporte


Roma ardía. Pero Nerón no estaba tocando la lira en la Colina del Palatino. Esta vez él no tenía nada que ver. No hablamos del año 64, sino de noviembre del 2007. Unos cuantos tifosi ultras se habían encargado de poner la ciudad patas arriba. Esta vez se consiguieron sofocar las llamas pronto, aunque las cenizas pueden volver a rebrotar.
Estos altercados provocados en la ciudad eterna eran la culminación de los distintos acontecimientos que se habían sucedido en varios campos de fútbol de toda Italia, después de la muerte de Gabriele Sandri, aficionado de la Lazio. Fallecimiento precedido por el del inspector de policía Emanuele Raciti semanas antes, en manos de un ultra.
Una vez oí en boca de un italiano que Italia es una república independiente basada en el respeto y la pasión por la mamma. Yo añadiría a la mamma, la pasta y el fútbol. Y es que el país de los campeones del mundo es un país en el que se vive el fútbol de una forma particular. Aún recuerdo el último partido de la temporada 2006-2007 de la Roma. Un Roma-Messina sin ton ni son. Un partido de lo más aburrido sino hubiera sido por la dedicación de la afición al equipo. Una dedicación que incluía insultos e incluso lanzamientos de objetos a los cuatro (tan sólo cuatro) aficionados del Messina que se encontraban en la parte del estadio habilitada para ellos entre grandes mamparas de seguridad. Y es que la violencia en la liga de fútbol italiana se ha convertido en un fenómeno relevante sobretodo en los últimos años, ya que no se han tomado las medidas adecuadas de seguridad. Además, en Italia, hay un problema de fondo entre ultras y policía. Los primeros ven en los segundos la encarnación del Estado y, por tanto, el enemigo al que abatir.
Pero que la violencia está presente en el fútbol y con el fútbol no es un fenómeno apartado y único de Italia ni del calcio. Lamentablemente, sucede en todos los rincones del planeta y en todos los deportes: la violencia ha encontrado en el deporte su mejor excusa. Para muchos aficionados, los estadios y pabellones deportivos se han convertido en el mejor lugar en el que expulsar el estrés y las tensiones que causa la sociedad moderna. Y al mismo tiempo un lugar donde descargar su agresividad. Como antaño lo hacían delante de la lucha de gladiadores.
¿Cómo se ha podido llegar a esta situación? Por una parte es fruto de la poca atención que se le ha prestado a los acontecimientos que iban repitiéndose cada vez con más fuerza en los estadios y que no se han sabido ir parando (falta de seguridad, controles insuficientes y tolerancia). Por otra parte, es provocada por la decepción social de muchos jóvenes que, por lo que parece, encuentran en la pertinencia a un equipo la única bandera por la que luchar.
Hoy es normal la relación violencia-deporte. Para conseguir que no lo sea se debería intentar acabar con el problema de raíz. La educación y el restablecimiento de los valores morales para las nuevas generaciones deben ser lo prioritario. Enseñar que el deporte no es más que deporte (ya saben aquello de que lo importante es participar). Para los brotes malos ya crecidos lo único que queda es la mano dura. Permisividad cero por parte de presidentes de clubes, de las fuerzas de seguridad, de políticos y de medios de comunicación. CFS

No hay comentarios.: