26.4.06

La educación, solución a la violencia

Mujtar Mai recibía ayer, el premio Casa Asia. Pero Mujtar Mai no debería haber estado allí, porque después de la violación “por honor” que había sufrido, debía haberse suicidado, ya que esa es la única salida de las mujeres violadas en Pakistán. Sin embargo, Mujtar Mai consiguió encarcelar a los culpables, y con la indemnización que recibió construyó una escuela para niñas, para que, según Mujtar, no fuesen analfabetas como ella. Porque, ¿de qué nos sirven los grandes pactos internacionales en defensa de la mujer, si no nos enseñan a defendernos? No es cuestión de quitarle importancia a toda la legislación que protege a las mujeres, porque es evidente que sirven para castigar la violencia – y la discriminación –, y para mostrar que es un crimen. Pero, como Mujtar defendió ayer: “Hay que combatir la opresión con la educación”.
Es muy importante la labor que están llevando a cabo los gobiernos tanto de los países desarrollados como de los que están en vías de desarrollo, en cuanto a legislación de protección de la mujer, pero aún no está todo hecho. En el ámbito mundial, una de cada cinco mujeres será víctima de violación o de intento de violación, a lo largo de su vida. El 94% de mujeres egipcias que han estado casadas y han sido maltratadas, justifican de alguna forma el maltrato. Es decir, es muy urgente la necesidad de que las niñas – y los niños – tengan una educación igualitaria, que les enseñe a pensar y cuestionarse sus valores, y que les haga libres.
Además, la UNFPA (Fondo de las Naciones Unidas para la Población) ha comprobado que la alfabetización de las mujeres – con un índice de analfabetismo mundial que casi dobla al de los hombres – reduce el riesgo de que en algún momento de sus vidas seas maltratadas. Por tanto, los gobiernos deben seguir impulsando todas las medidas legales que garanticen la protección de la mujer, y que hagan que se cumpla. Sin embargo, la solución a la violencia contra las mujeres pasa por la alfabetización de niñas y niños, para que no deban plantearse esta problemática.
Paloma Domínguez

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