29.5.06

Última crítica de opinión: Patente de Corso.

Versión de P.Domínguez y versión de Mafalda (sí, va más o menos de lo mismo. A las dos nos encanta)

Pérez-Reverte en estado puro
P.Domínguez
Cuando en 1998 Arturo Pérez-Reverte publicó Patente de Corso, el periodista y escritor (o novelista, según le gusta que le llamen a él) ya había alcanzado el éxito en sus dos facetas. Había cubierto como reportero de prensa, radio y televisión numerosas guerras, entre ellas la del Sáhara, la de las Malvinas, la primera guerra del Golfo, o las guerras de la antigua Yugoslavia; y había conseguido volver. Había trabajado en exitosos programas como La ley de la calle (premio Ondas 1993) y hacía tres años (en 1995) que había publicado La piel del tambor, que se había convertido en un éxito de ventas. La aparición de una recopilación de los artículos de opinión que publicaba cada semana en el suplemento dominical El Semanal, fue un paréntesis en sus novelas y un regalo para sus lectores. Así que la reedición de los artículos de Pérez-Reverte escritos entre 1993 y 1998 (y seleccionados por José Luis Martín Nogales) es un evento en toda regla, y una preparación para la próxima película que se estrenará sobre el capitán Alatriste.
En este compendio, Arturo Pérez-Reverte conecta con los mejores articulistas de nuestro tiempo, como Javier Marías o Maruja Torres (Martín Nogales lo compara con Larra), al tiempo que recupera todos sus demonios y sus temas predilectos, con ese lenguaje tan duro y bronco. Es decir, para algunos la crítica a este libro será que es más de lo mismo, aunque probablemente sus lectores lo agradezcan. Y ese es su principal logro, haber aficionado a la lectura a toda una generación que había salido de una dictadura para encontrarse entre el paro y los escándalos financieros. Fue la generación del desencanto, el mismo que expresa Pérez-Reverte en sus libros, y con el cual conectó de una forma directa con sus lectores.
El periodista y novelista utilizaba (y sigue utilizando) la página de El Semanal como una improvisada terraza (una de esas desde las cuales observa a la gente) diseccionando cada vez cualquier tema que considere importante comentar con sus lectores. Con un lenguaje duro y sin reparos a utilizar insultos o expresiones malsonantes, a veces cercano al de la novela negra barata, Pérez-Reverte critica a todos por igual, sobre todo a personajes públicos, aunque tampoco se libran las personas anónimas, que permiten o provocan injusticias, como la quema de bosques o las muertes en las guerras. El escritor utiliza estos insultos como una forma de ser sincero y directo, honesto con el lector, de forma que evita ser malinterpretado.
Este tema de la guerra es una constante en sus artículos, una sombra que planea tanto sobre los textos explícitamente críticos con la guerra de Yugoslavia (que en aquellos años se encontraba en su punto álgido de violencia), como sobre las columnas que parecen menos comprometidas, pero que pueden acabar con una dura anécdota del autor (como los doscientos o trescientos muertos de Tessenei). Es interesante comprobar que muchas de estas anécdotas aparecen después en sus novelas, en boca de los protagonistas, como en La piel del tambor o en El pintor de batallas.
Pero no es este su único tema recurrente. El mar, la soledad y la dureza de nuestra sociedad, el pasado histórico (con lo mejor y lo peor de España: guerras civiles, imperios donde no se ponía el sol…), y ante todo los ángulos de sombra de las personas. Todo ello sazonado con un punto de romanticismo pesimista que deja un sabor de tristeza mezclado con una esperanza infinita en que el presente es y será propiedad de los hombres, aunque el pasado se haya ido.


El mundo no queda tan lejos
Mafalda
Aprovechando el espíritu aventurero que sin duda alentará el estreno de la película de Capitán Alatriste y el éxito del último libro de Pérez-Reverte, El pintor de Batallas, Alfaguara ha reeditado un libro de título evocador de episodios épicos, Patente de Corso. Pero en su interior descubrimos que el ruido de la batalla no está tan lejos. La tierra de nadie es el suelo que pisamos día a día. Y en ella reina la ley de la calle, donde los héroes de verdad pueden herir sensibilidades en defensa de la justicia.
Patente de Corso es la selección que José Luis Martín Nogales hizo de los artículos de opinión que Pérez-Reverte publicó entre 1993 y 1998 en el Semanal. Cuando Pérez-Reverte empezó a publicar estos artículos ya era un escritor reconocido (Especialmente a partir de su segunda y tercera novela, El maestro de Esgrima y la Tabla de Flandes). La publicación de la primera edición coincidía con un momento en que el articulismo literario estaba de moda (Rosa Montero, Manuel Rivas, Juan José Millás,…), y por mucho que Pérez-Reverte se ría de las modas en este libro, hay que reconocer que el resultado, al menos en su caso, es excelente.
Cando escribió los primeros artículos todavía ejercía como reportero de guerra, y esa experiencia le proporciona una perspectiva idónea para describir lo que ocultan los medios. De un capítulo a otro saltamos de Madrid a Sarajevo, y en el camino el escritor nos describe la crisis del periodismo y su visión personal de las relaciones humanas –formada por una amplia gama de personajes, desde héroes a capullos-. El autor reflexiona sobre temas que nos afectan a todos: la indiferencia e hipocresía del poder, la frialdad de la informática, la cobardía de las generalizaciones, la Europa “siempre egoísta, desmemoriada e ingrata” y la España donde “envidiamos, degollamos y linchamos como nadie”. Y lo hace en un tono irónico y sagaz con el que nos contagia su rabia en los textos de denuncia y su emoción cuando narra recuerdos de personajes del pasado que no tienen cabida en la sociedad actual. Sin poner límites a su libertad expresiva desafía a los eufemismos utilizados como pretexto para amortiguar la censura.
Una de las claves del atractivo de Patente de Corso es la cercanía de las palabras de Pérez-Reverte, con las que construye un monólogo del cual el lector se siente partícipe. No se corta en insultar a los que atentan contra el respeto a la vida humana, ya sea manejando armas de fuego, o conduciendo a velocidades que ponen en peligro a los demás. Aunque cuando empiezan a repetirse ciertos temas, como sus crónicas al volante, decae el interés –es el inconveniente de recoger en una monografía artículos que, en su origen, estaban separados por semanas de distancia, y no por páginas-.
Cada artículo es una fuente de dosis de realidad que nos arrastra a leer todo el libro de una sentada. No sin motivos Martín Nogales describe su literatura como un “espejo a sangre fría” de la realidad. Y es que aunque haga ya casi 10 años de la publicación de este libro, su actualidad es manifiesta. Como los cuadros de Goya a los que el autor alude en uno de los artículos. En definitiva, nos abre los ojos y nos hace entender que el mundo no queda tan lejos, destruyendo así el último consuelo que le quedaba a los que cubren sus espaldas con indiferencia.



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