El 19 de Enero del 2007, mi compañera y amiga Mafalda, escribió un post llamado Yo para ser feliz quiero una entrevista como ésta. Hoy tengo la segunda parte de este post. Fecha, hora y lugar diversas. Martes 4, a las once y media, cerca de Horta. Entrevistados diferentes (aunque tengan el mismo nombre). Pasamos del periodista al futbolista.
El martes fue uno de esos días en los que te das cuenta de que el esfuerzo y los cuatro años de carrera (de idas y venidas a la Autónoma, de días enteros encerrada en el campus, de noches sin dormir…) acaban proporcionándote aquello con lo que soñabas de pequeña. Y aquello con lo que soñabas de pequeña y que te hace feliz hoy, no es más que algo que a los ojos de los demás podría parecerles insignificante, incluso hasta ridículo.
Es una sensación difícil de explicar la que se establece entre entrevistado/a y entrevistador/a. Intentamos ir sin prejuicios y no dejarnos llevar por las primeras impresiones. Puede ser que haya feeling desde el principio o no. Puede ser que se establezca una confianza y un ritmo de conversación tales que hagan olvidar los roles. Pero también puede pasar que el entrevistado se esconda tras una coraza y te vea como un intruso inculto y manipulador del que tiene que defenderse (y para ello si es necesario atacarte).
Todo esto para hablar de mi entrevista. Una entrevista en la que te cuentan cosas que creías que pasaban pero que en el fondo no querías creer. Una historia de un “desconocido” que te llega, e incluso hace que se te empiecen a empapar los ojos. Una experiencia que te satisface y que te aporta mucho más como persona que como periodista (no sé puede ser buen periodista sin ser buena persona, según mi concepción de periodista). En definitiva, todo un baño de humildad y de honestidad. CFS
El martes fue uno de esos días en los que te das cuenta de que el esfuerzo y los cuatro años de carrera (de idas y venidas a la Autónoma, de días enteros encerrada en el campus, de noches sin dormir…) acaban proporcionándote aquello con lo que soñabas de pequeña. Y aquello con lo que soñabas de pequeña y que te hace feliz hoy, no es más que algo que a los ojos de los demás podría parecerles insignificante, incluso hasta ridículo.
Es una sensación difícil de explicar la que se establece entre entrevistado/a y entrevistador/a. Intentamos ir sin prejuicios y no dejarnos llevar por las primeras impresiones. Puede ser que haya feeling desde el principio o no. Puede ser que se establezca una confianza y un ritmo de conversación tales que hagan olvidar los roles. Pero también puede pasar que el entrevistado se esconda tras una coraza y te vea como un intruso inculto y manipulador del que tiene que defenderse (y para ello si es necesario atacarte).
Todo esto para hablar de mi entrevista. Una entrevista en la que te cuentan cosas que creías que pasaban pero que en el fondo no querías creer. Una historia de un “desconocido” que te llega, e incluso hace que se te empiecen a empapar los ojos. Una experiencia que te satisface y que te aporta mucho más como persona que como periodista (no sé puede ser buen periodista sin ser buena persona, según mi concepción de periodista). En definitiva, todo un baño de humildad y de honestidad. CFS
1 comentario:
Totalmente de acuerdo, ya lo sabes ;) Sólo con escuchar los diez minutos de entrevista ya se entiende lo que explicas en el post. Muy bueno.
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